Nunca será mía.
Día tras día la intuyo entre la gente
y mis ojos se embelesan si la encuentran.
Entro en un mundo de ensueño,
donde mi mente fantasea a un ritmo
donde se paladean los detalles,
cada gesto, cada olor, cada húmedo deseo,
mientras esbozo una amarga sonrisa,
y es que
nunca será mía.
Sé que es ella la mujer que necesito,
sé que es ella mi Otra Parte,
luego yo debo ser la suya,
tengo que ser la suya.
Pero la realidad es caprichosa,
y me coloca este pesado yugo
que aboga por resignarme, pues
nunca será mía.
¿Cómo no dejar de luchar,
cuando veo que el mayor
y más intenso de mis sueños
roza y juega con la yema de
mis dedos, y cuando trato de
atraparlo se desliza cruelmente
entre ellos y se me derrama?
Nunca será mía.
En silencio la llevaré conmigo,
como la piedra que descansa
en el fondo del estanque,
que aunque no debiera estar ahí
ya forma parte de él,
como ya ella forma parte de mí.
Fran Romero – Enero/2009
No hay comentarios:
Publicar un comentario