Amigo mío
cuán silencioso me matas.
Me cuestas la vida,
y es que los buenos amigos salen caros.
Siempre mi compañero
en bailes, fiestas y soledad.
Siempre accesible
y atento cuando te preciso.
Cuánto te odio amigo mío.
Llenas en mí una bocanada
de aire sucio y pútrido
y dulce.
Yo que elegí llevarte
un día de la mano,
tan maduro, tan libre,
tan imbécil.
Me robas tiempo
que aún espero
y me brindas sádicos regalos
que aún están por llegar.
Tan caramelo caduco
como perfume barato.
Y pese a todo te quiero, aquí,
como siempre.
Tan fiel como mi pluma,
tiñendo de un gris difuso
mi habitación y mi vida.
Voy a salir a buscarte amigo mío,
que ya te echo de menos.
Fran Romero – Octubre/2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario