Hoy he mirado nuestras fotos,
esas que nos hicimos
cuando tentábamos al destino
con largas espadas y flores de loto.
Hoy he pensado en ti
mirando la tele en vacío,
sumergido en el recuerdo
de una historia sin fin inacabada.
Lo que debió ser y no pudo
por un capricho caduco,
que aún trato de comprender,
y con apenas dos palabras
desterraste mi alma
a un abismo de hiel.
Ha sonado el teléfono
hace un momento.
Y un escalofrío cruel
ha pellizcado mi alma.
Quizá tu conciencia y mi paciencia
se han vuelto aliados.
Me lloras tu torpeza y tu ceguera,
sabiendo que me ahogo
si no me envuelve tu perfume.
Con qué facilidad cambia el viento,
soplando siempre a tu antojo,
tú que aprovechas siempre
con hábil vela la mejor corriente.
Lo siento amor mío,
pero este corazón aprende.
Hay heridas que nunca sanan,
heridas que dañan la razón
y hasta el mismo corazón,
y la vida se derrama.
Nuca estuvo tan cerca
la cura y la quimera,
pero por vez primera
trato de olvidarte.
Tal vez así pueda,
con el tiempo,
dejar de amarte.
Fran Romero - Octubre/2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario