domingo, 13 de febrero de 2011

Ser o no egoísta


Ser o no egoísta. Seguramente todos responderíais rápidamente no. Pero a veces no es fácil tomar una decisión, cuyas alternativas pueden dividirse grosso modo en egoísta o no egoísta. Siendo así, uno se ve en la tesitura de decidir qué es lo correcto, cuál, objetivamente, es la correcta decisión.


Obviamente no es fácil cuando la decisión egoísta, siendo en cierto modo liberadora para seguir con el camino que uno se ha marcado, significa producir un gran dolor a una persona que el tomador de la decisión valora enormemente, por lo que catalogarla de egoísta es algo ambiguo. Esto dificulta cuantitativamente la elección de ésta alternativa.
Por otro lado encontramos la decisión no egoísta, aquella que mantiene a la persona enormemente valorada en un estado de bienestar. Esta decisión engloba dos principales inconvenientes. Uno es que, personalmente, el tomador de la decisión viviría vendiendo el tiempo que se le ha dado, pues, pese a no ser algo caótico y disfrutarse en cierto modo, no deja de ser un sacrificio en su mayor parte altruista. El otro principal inconveniente sería que estaríamos haciendo vivir un cuento de hadas, irreal e inexistente, a la persona enormemente valorada, siendo un acto moralmente injusto para ella.

El secreto de la elección correcta reside en la completa sinceridad, sin la cual no puede existir ninguna relación social sana y plena. Este concepto vuelca aparatosamente la elección no egoísta, pues tal como ha quedado reflejado en sus inconvenientes la falta de sinceridad es la principal cualidad de esta decisión. Luego la decisión egoísta pasa a ser la opción menos castigadora tanto con el tomador de la misma como para la persona enormemente valorada.

Visto está que tanto una como otra va a llevar consigo dos pesados yugos. Ante una situación así tan sólo queda evitar el mal mayor. De este modo la decisión correcta, pese a lo que en un principio pudiera parecer, sería la decisión egoísta, que, a largo plazo, se entendería paradójicamente como asertiva y empática.

Verse obligado a tomar una decisión de esta índole no es grato para nadie, pero la vida nos depara situaciones complejas que hemos de ir solventando usando nuestro sentido más humano, sin olvidar que también uno mismo es humano.

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